Si escuchas la voz del río
Sentirás la profundidad de su palabra
Siéntate en silencio cerca de él
Observa la corriente que se desliza, escucha
Dile que te revele el secreto que guarda para ti
Pero no lo fuerces a hacerlo
Espera paciente una vida
Dos vidas, tal vez más
Hasta que tu corazón esté listo para recibirlo.

Escuché en la madrugada tu canto de muerte
Tus aguas tristes, vestidas de luto
Viajaban atemorizadas cantando tu dolor
Entonaban alabaos a la vida para conjurar la tristeza y el miedo
Te pregunté: ¿por qué tanto llanto?
Y me dijiste: asesinas a mis hijos en mis orillas y no puedo ayudarles
¿Y si los negros mueren? Secaré mis aguas
¿Y si los negros se van? También yo me iré con ellos
El embrujo de la globalización le puso al río
El secreto del rayo del sol y el río se fue muriendo.

Vinieron los taladores de árboles
Depredaron sus orillas y sus bosques
Secaron sus ciénagas y se murieron para siempre
Los animales del agua y del monte.

Ya no canta la pava ni el paletón
No se oye el aullido del mono colorado
en las mañanas
Los muchileros ya no anidan junto al río
De las garzas, del pato cuervo, y del Martín pescador
Quedan sus fantasmas en la ribera del Atrato
Sólo se escucha el canto misterioso
del guaco y del bujío
Presagio de soledad y de muerte.

Vinieron los amontonadores de papel moneda
Pesadilla del tiempo, plaga destructora
Que corrompe la conciencia
y arruina la tierra para siempre.

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